Hace un tiempo escribí una entrada explicando por qué no entrego fotografías sin editar ni permito que sea el cliente y no yo quien selecciona las fotos que recibe y, para mi sorpresa, rápidamente se convirtió en la entrada más leída de la historia del blog y fue compartida casi veinte veces en redes sociales (¡un récord para este blog pequeñín!). Eso me hizo pensar que quizá debería compartir por aquí más reflexiones fotográficas del mismo estilo, temas a los que les doy muchas vueltas en mi cabeza y cuyo debate puede enriquecernos a todos.
Si sobre la edición digital de las fotografías todos estábamos más o menos de acuerdo, el tema que hoy quiero tratar es un poco más escabroso y tiene tantos adeptos como detractores: las marcas de agua. Como habrás deducido por el título del post, yo no estoy a favor de su utilización y personalmente no las empleo en mi trabajo; eso no significa que no respete a quienes sí lo hacen ni que me parezca que desvirtúa su trabajo ni su calidad como fotógrafos. Es un debate que lleva abierto desde el inicio de los tiempos y con este post no pretendo convencer a nadie, sino explicar mi postura y justificarme antes quienes me animan a incluirla en mis fotografías.

